Si eres una de esas personas a quien que le gusta la leche pero sospecha  que  no te cae bien,  es posible que tengas intolerancia a la lactosa.

Para entender mejor esta condición, es bueno que quede en claro que la lactosa es el azúcar natural que contiene la leche. Algunas personas no producen suficiente lactasa (enzima que digiere el azúcar de la leche)  por lo que la lactosa se fermenta en el cuerpo y llega a producir síntomas indeseados tales como: nausea, dolor de estomago, gases, hinchazón y hasta diarrea.

Si presentas algunos de estos síntomas cuando ingieres productos lácteos no te auto diagnostiques;  es importante que consultes con un médico.  También es bueno saber que las personas tienen distintos grados de intolerancia a la lactosa. Algunos pueden digerir pequeñas cantidades de leche y otros productos lácteos sin experimentar ninguna molestia.  Si este no es tu caso, existen en el mercado leche sin lactosa, leche de soya o almendra que pueden reemplazar la leche de vaca en nutriente y sabor.

Te preguntaras por el resto de productos lácteos. Si de queso se trata, los quesos suizos, cheddar  y parmesano contienen cantidades mínimas de lactosa y se toleran bien.  Claro que también encontraras quesos sin lactosa en el supermercado. El yogurt es un alimento que usualmente se tolera bien. En su elaboración  se utilizan bacterias benévolas que digieren este azúcar. Si tu condición es severa, compra yogurt con cultivo vivo. Si se te antoja un helado, compra helado sin lactosa que se encuentran fácilmente en la tienda.

Si no consumes leche o productos lácteos, podrías a llegar a tener deficiencias de vitamina D y calcio. Por lo tanto, asegúrate de comer productos con calcio: brócoli, tuna, salmón y jugo de naranja con calcio. En cuanto a la vitamina D incluye huevos y salmón en tu dieta semanal.